Cambiar de compañía de luz: qué pasa de verdad, paso a paso
¿Se corta la luz? ¿Viene alguien a casa? ¿Cuánto tarda? Respondemos a todo lo que frena a la gente antes de cambiar.
El miedo a cambiar de compañía es casi siempre miedo a lo desconocido. Y lo desconocido, en este caso, es sorprendentemente aburrido: es un trámite administrativo en el que nadie toca nada físico.
Lo primero: distribuidora ≠ comercializadora
Esta distinción resuelve el 90 % de los miedos. La distribuidora es la dueña de los cables, los postes y el contador de tu zona. Te viene impuesta por geografía y no se puede elegir. La comercializadora es la que te compra la luz y te la factura. Esa sí se cambia.
Cuando cambias de comercializadora, la distribuidora sigue siendo la misma, los cables siguen siendo los mismos y el contador sigue siendo el mismo. Solo cambia el nombre de quien te manda la factura.
Qué pasa exactamente
- Das tus datos (titular, DNI, CUPS, cuenta bancaria y dirección).
- La nueva comercializadora comunica el cambio a la distribuidora.
- La distribuidora lo registra en la fecha de tu siguiente lectura.
- Recibes una última factura de la antigua y la primera de la nueva.
Nada más. No se corta la luz ni un segundo y no entra nadie en tu casa.
Cuánto tarda
Entre 15 y 21 días naturales de media. Con contador digital, que es lo normal desde hace años, no hace falta ninguna visita.
¿Y las permanencias?
El suministro eléctrico no puede tener permanencia por ley: puedes cambiar cuando quieras. Lo que sí puede tenerla son los servicios adicionales que a veces vienen empaquetados (mantenimiento, alarmas, seguros). Revisa qué contrataste; si hay penalización, casi siempre está ahí y no en la luz.
El CUPS: el único dato que te van a pedir y no sabes
Es el código único de tu punto de suministro, algo tipo ES0021000001234567AB.
Está en tu factura, normalmente en la primera página junto a los datos del contrato.
Identifica tu enchufe en toda España y es lo que hace que el cambio sea automático.
Cuándo NO deberías cambiar
Seamos honestos: si tu tarifa actual ya es competitiva y el ahorro que te sale son 15 € al año, no merece la pena el trámite. Cambiar tiene sentido cuando la diferencia es real —de 100 € para arriba— o cuando llevas años sin revisar y arrastras una tarifa antigua que se ha ido encareciendo sola con las renovaciones automáticas.
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